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La Refriega y el posible statement de una generación

La Refriega y el posible statement de una generación

  • Jorge Peré
  • 05/07/2022
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Trece jóvenes de la Facultad de Artes Visuales en el Instituto Superior de Arte (ISA) deciden conjugar su obra en un intento de grupo que no reduce, aplana o diluye la individualidad. Un grupo heterodoxo que predica todas las dispersiones posibles: ideológica, política, sexual… Conjunto de dicotomías, profanaciones y simulacros. Tan cínicos como hace falta para resistir la decadencia que abona su proceso hacia la adultez.

 

De modo que volvemos a saber de un grupo que desestabiliza la apacible estancia del ISA. Desde Balada Tropical no lidiabamos con algo parecido, y estos muchachos acaso lo saben, y por ello se hacen a la idea de reinventar la común experiencia estética sin angustias o desvelos por el pasado reciente. No sienten el peso de lo que hacen en un contexto que, ahora mismo, es pura liviandad. Fluyen con cierto descaro, fieles a su edad y su época (que les pertenece menos que cualquier otra cosa). Dilapidan el tiempo en hacer que el tiempo funcione como algo concreto: un gesto que digiere el presente y lo devuelve en imagenes que pendulan entre el hastío, la crisis de fe y lo amoral.

 

Por “refriega” entendemos discusión o conflicto mínimo, pasajero, de escasa relevancia. Algo así como “dar el berro” sin que las cosas se nos vayan de las manos. En cambio, esa palabra (y su significado), asumida por estos jóvenes como seudónimo, advierte una expansión que desmiente su poca gravedad. 

 

Porque en el arte no hay nada escrito, y sí demasiada reescritura y desborde de conceptos. Entonces, una Refriega artística podría ser una descarga hilarante, una tormenta de ideas expresada en un atípico vecindario de obras, un conflicto sin mucho sentido para el paseante adicto a las golosinas visuales pero sobrado de razones para el esteta recalcitrante. 

 

Esto es que La Refriega, ese grupo vinculante de poéticas y actitudes dentro y fuera del arte (¿existe esto?), se abre paso como una nueva propuesta que reivindica el privilegio que habita en la carencia de fama y adultez (no tener perritos ni gaticos), el compromiso a ultranza con una estética experimental y, muy en secreto, el anhelo de una vanguardia fugaz que es la única razón legítima para inmolarse en el ISA durante cinco años. 

 

Estuario (ISA, junio 2022), la última exposición del grupo, fue, de muchas formas, una provocación a sus mentores. Comenzando por la incómoda museografía que manejaron, en la cual se subvirtió la jerarquía de la mirada: el espectador no mira las obras sino más bien las obras observan al espectador, lo interrogan desde una altura (la estatura estética retando a la estatura fisica) escandalosa, antipática, displiciente. 

 

Se ensayó una muestra antinómica, retorcida, barroca, donde convivieron varias piezas sin otro motivo que discurrir sobre los múltiples sentidos que puede adoptar hoy la creación visual. En esa mezcla de aguas indefinidas, de matices salados y dulces, habitó el video arte, la pintura, lo instalativo, la escultura y el performance. Un enviroment que escudriñaba en la agenda de temas emergentes, mecido entre lo ético, lo social y lo político.

 

De modo que se nos adentraba en la dialéctica de un conjunto con creaciones de distinta factura y discurso, casi todas inspiradas por el deseo de subversión y el sarcasmo. Pornografía amateur editada y reproducida con ciertos guiños a la censura; escenas de violencia distorsionadas hasta volverse abstractas; la documentación de una acción tan simple como irracional; un crucigrama que desentraña el modo en que la política afecta el lenguaje; una payasita risueña portando un cartel que rezaba lo que parece un statement colectivo: “Lo de la autonomía del artista es un tema serio”; entre otras propuestas que indagan en lo pictórico, lo instalativo y la escultura, le daban cuerpo a un situación vertebrada por la libertad gestual.

 

De eso, principalmente, está hecha La Refriega: de cierta intensidad en la búsqueda de libertades que sustantiven las inquietudes e intereses que abordan a esta nueva generación de artistas cubanos. Bien que merece el ISA que esta actitud colectiva e interdisciplinar tome fuerza, y se abra camino entre los muchos núcleos de creación, con tal de ver resurgida la mística que alguna vez envolvió a ese recinto.

 

 

Escrito por Jorge Peré
El Oficio

Jorge Peré (La Habana. 1991)

Crítico de arte, curador y editor. Licenciado en Historia del Arte por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

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