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Diango Hernández: El regreso físico o imaginario y el valor de la memoria

  • Diango Hernández

Por: Dayron Martínez

 

 

 Para escribir esta entrevista he puesto a reproducir en el aimp2 del ordenador una playlist llamada “Piedra azul”. Hace ocho o nueve años un amigo confeccionó esta carpeta, que circulamos en la Facultad de Artes y Letras como si traficásemos estupefacientes. Los géneros eran diversos, al igual que las nacionalidades, la selección tenía mucha actitud. La misma extrañeza y excitación que me producen esos temas en modo aleatorio, es la que experimento cuando leo sobre un artista contemporáneo que “vive en Düsseldorf y radica en Centro Habana, cuya obra pertenece en gran medida a un atardecer en el Caribe”[1]–una imagen con semejante calidez, que me atrevo a suponer, no es un espacio geográfico específico, sino un estado de felicidad–. Los autores que escucho en los altavoces son de todas partes, pero resuenan en un sitio común. Quizás, influenciado por aquellos años “ilustrados” en que nació la lista, me dejo seducir por lo que intuyo es una frase de éxito –porque no puedes pensarla sin haber recorrido “el camino” – que me conecta sobremanera con la imagen que tengo de Diango Hernández (Sancti Spíritus, 1970):

 

“No corras, vete despacio,

que a donde tienes que llegar

es a ti mismo”[2]


Para no replicar los códigos comunes de una entrevista y evitar recorridos biográficos o vicios recurrentes en el arte cubano cuando el entrevistado no reside en la isla –nostalgia, utopía, decepción, fracaso, líderes, exilio, despedidas, censura–, he citado a Juan Ramón Jiménez, referenciando un estado de paz, de madurez y de profundidad intelectual por el que se transita para lograr una consecuencia inherente a cualquier exploración humana: la intimidad. 

 

Nos conocimos a inicios de 2019, cuando exponías en Arsenal Habana –ahora La Sindical– tu exhibición personal Salvavidas. Un amigo en común nos presentó uno de aquellos viernes de fiestas temáticas en El Oficio. A pesar de que no eres amante del lobby y las estrategias promocionales típicas del gremio, quiero creer que conectaste con lo que sucedía en aquella casona de La Victoria donde quizás, por algunos minutos, te sentiste en la esquina de San Lázaro y Espada, donde te gusta “conocer gente y tener buenas conversaciones”[3]. Tal vez la atmósfera desaliñada y underground, junto al eclecticismo decorativo del sitio, te conectó con un ideal democratizador del arte contemporáneo. Un espacio donde el coleccionista, curador, artista consagrado o crítico más docto usaba el pretexto de consumir arte emergente para emborracharse, flotar por la pista o sencillamente relajarse en una esquina y conversar. La casona de Benjumeda y Nueva del Pilar estaba colmada de tarecos reutilizados, puertas convertidas en barras de bar, sillas viejas recién pintadas, palés que eran mesas y bancos que en cualquier momento podían encaramarse uno encima de otro y conformar la mesa del Dj –acaso mucho “objeto provisional” –. La solemnidad no tenía cabida y eso le quitaba peso al “cubo blanco”, a la vez que mitificaba la acción, la obra o al sujeto que en unas horas aparecería en alguna story de las social networks, posando junto a un lienzo, o quizás, junto a un vaso roto que aún no se recogía en el salón principal. El usuario común se haría la misma pregunta de siempre, pero esta vez, con más sentido que nunca: ¿Eso es arte? ¿Y cuánto vale? Al menos el precio de una de las dos imágenes estaba definido en una pizarra improvisada en el patio interior: Mojito­-3cuc. El Oficio era por algunas horas cada viernes una república libre y democrática donde confluían actores de diversos estratos e ideologías. No había exclusividad ni derecho de admisión. ¿Qué observaciones te quedan de eso que en algún momento pudo bautizarsecomo movida” del arte cubano, aunque quizás no llegó a tanto? Me refiero al boom pre y post Obama.¿Las redes sociales convierten un fenómeno de arte genuino en show o legitiman un show banal como un fenómeno artístico?

 

Recuerdo perfectamente y con mucho agrado cuando nos conocimos. Ya mi amigo y artista Michel Pou me había comentado sobre el lugar y me había insistido en “pasar por ahí”. Ver desde lejos y en la oscuridad habanera a un grupo grande de personas fuera de una casa ya me paró las orejas. Así entramos esa noche a El Oficio, yo, como de costumbre, muy entusiasmado. Lo que allí vi me confirmaba lo que ya había visto y sentido en toda La Habana, lo que en aquel momento llamé “el nuevo espíritu”, algo que se podía palpar en toda la ciudad y que era contagioso. Salí esa noche de El Oficio con ganas de regresar, con un entusiasmo inmenso y mucha alegría, no solo por ti y tú éxito, sino por la gran promesa que eso representaba.

 

Ese momento como lo llamas “antes y después de Obama” fue muy esclarecedor. El arte se ramifica y diversifica cuando se comercializa. Por esos años el arte contemporáneo desprejuiciadamente se emparentó con la música, el drink, el baile o la comida. Esta nueva fusión, en principio de orden empresarial, me llegó a parecer muy de nosotros y muy sabrosa, intuí inmediatamente que con el tiempo este modelo inicial cambiaría y encontraría otras vertientes, más o menos “serias”, más o menos “felices”.

 

No creo que las redes sociales tengan ese poder “mágico”, todo arte tiene una parte de show, lo cual no es peyorativo. Las redes siguen estando atadas a las grandes agencias de prensa, que son quienes tienen un gran peso en aquello que se establece global y diariamente como polémico, esto es muy potente, es en pocas palabras lo que todos leemos en nuestros móviles cada mañana. Lo cierto es que todo, absolutamente todo, pasa de “moda”, lo que no quiere decir que pierda su función ni propósito. Es por eso que yo prefiero hablar de contenido, porque los proyectos encuentran propósito y se reafirman en el tiempo cuando se van inyectando con contenido. En las redes –como en todo– siempre hay grupos más activos que otros, grupos más motivados que practican el debate y el intercambio a cada minuto, no obstante, siempre hablamos de “las redes” cuando en realidad es solo un grupo, muchas veces pequeño.

 

Siempre has estado de viaje, desde ti y hacia ti. Eso te ha hecho entender mejor el resto –o los restos– y ser parte de un todo donde cabe ser un artista cubano, un artista internacional o simplemente fluir. Crear y dejar que la experiencia de vida te muestre el siguiente paso. ¿Dónde te sientes ahora mismo? ¿Qué lugar ocupa Diango Hernández en el contexto del arte contemporáneo en relación con Cuba?

 

Ahora mismo me siento increíblemente, he encontrado mi “zona” y me encanta estar ahí, me siento cómodo, inspirado y muy productivo. Mi obra se entiende como una obra cubana y caribeña, una obra que apela a recursos y tradiciones que están arraigadas en nuestro arte moderno. Mi diálogo con nuestra modernidad es permanente, allí no solo encuentro una fuente increíble de estímulos visuales sino también una promesa, algo que promueve un arte más visual y más edificante.

 

Has descrito al dibujo como “una herramienta para definir la complejidad y visiones de nuestras mentes”[4]. Grandes artistas como Paul Klee, John Peter Berger o Le Corbusier han defendido el compromiso del dibujo con la libertad y representación definitiva del espíritu del arte. No puedo evitar relacionar tu formación de diseñador, tu vocación por la arquitectura y una biblioteca personalcuidadosa, como fundamentos de esta afirmación. ¿Qué relación tienes con el dibujo a estas alturas? ¿Qué significaba para ti, hace casi dos décadas, cuando tu equipaje eran miles de garabatos” en papel y cartulina? ¿La instalación es siempre un dibujo objetual?

 

El dibujo sigue siendo el inicio de toda proyección que hago, es a través del trazo simple y libre que logró imaginar y por qué no, soñar. Hoy dibujo más con el iPad, pues he desarrollado aplicaciones que están especialmente diseñadas para lo que hago, para convertir textos en “olas”, no obstante, el principio sigue siendo el mismo, el trazo, una línea “endeble” que busca sentido y fuerza en nuestra memoria. Los dibujos que hice en La Habana entre 1996 y 2003 todos tenían un corte proyectual, en cada uno de ellos había ideas para futuros objetos o instalaciones. Después comprendí que el factor anhelo que muchos de ellos portaban era suficiente, que el dibujo era en sí finalidad, destino. La instalación para mí siempre ha tenido algo de inacabado, en la instalación aquello que está ausente muchas veces tiene un gran significado, es por eso que relaciono lo instalativo con el dibujo, pues el dibujo es algo esquelético.

 

Cuando pensamos en Diango y su sitio, sobre todo dentro del arte contemporáneo cubano, metafóricamente lo ubicamos en una vía rápida y paralela que circunvala al contexto, y que mantiene la distancia suficiente para no reproducir tópicos ni perder de vista la fuente de energía, el centro. En tu generación se ha manoseado por primera vez la idea del artista internacionalo el artista contemporáneo a secas, antes de la etiqueta de artista cubano. Alexandre Arrechea, Ángel Ricardo Ríos o Juan Miguel Pozo son artistas radicados en el extranjero más o menos de tu misma “promoción” y, al margen de la intención conceptual de su obra, corren la suerte de liberar su trabajo sin que este se vea atado a manías estéticas o un exceso de la forma o la contrarreforma insular.¿Qué artistas cubanos de la actualidad llaman tu atención? ¿Qué conocimiento u opinión tienes de los millenials?¿Crees que el efecto boomerang es necesario, o solo una estrategia de mercado?

 

Cierto que en los noventa se hablaba mucho del cómo llamarse, lo de contemporáneo no creo que se usaba, más bien se apelaba dentro de algunos círculos por ser llamado artista y basta. Lo de ser artista internacional y punto tiene que ver con el nivel de tu obra y no con lo que uno quiera. Lo más difícil para un artista en mi opinión es sostener una obra en el tiempo, mantenerla viva a través de décadas y que atraviese transversalmente el tejido multigeneracional. Para lograr esto hay que hacer arte permanentemente y hay que vivir de esa práctica, es únicamente así como se siente el peso de cada decisión –artística y de vida– que el artista toma.

 

Miro con gran atención a la pintura joven cubana, ciertamente esperando por mejores tiempos, no obstante, me ilusionan algunas posiciones como es el caso de Orestes Hernández, especialmente su pintura.

 

¿Los “millenials”? Siempre será difícil hablar de etiquetas generacionales, sobretodo de esas que han sido fabricadas en el mundo de hoy. ¿Crees que pudiéramos llamar hippies a todos los que en los 60 tenían pelos largos y barba? Absolutamente no. ¿Pudiéramos llamar millenial a un cubano nacido en los años 80 en Santa Clara, por ejemplo? Creo que no. Mi opinión sobre los “millenials” va de persona a persona, como mencioné anteriormente, es imposible hablar de “todos”.

 

Creo que hay muchas diferencias entre cada una de esas “generaciones” de arte Cubano, como te decía anteriormente prefiero hablar de figuras generacionales en vez de hablar de “todos”. Viéndolo a través de figuras generacionales podemos percibir claramente que en los 90 hubo un saldo mayor de figuras que se establecieron y establecieron sus prácticas en contextos más exigentes, lo que las llevó a posiciones de más visibilidad, en fin, de más éxito. Creo que los 90 a nivel global –por disímiles razones de carácter mundial–fue un período mucho más abierto a un arte con protagonistas jóvenes y descentrados.

 

Regresar es siempre inteligente, al menos así lo pienso. El regreso físico o imaginario es fundamental para el artista que comprende el valor de la memoria. Reencontrarte con el contexto cultural que conoces tan bien es siempre inspirador y necesarioSe regresa además por muchas otras razonestambién el “herido” regresa al campamento, a sanar. Otros regresan porque “dicen que aquello está bueno”, a esos les deseo buena suerte, nada está permanentemente “bueno” ni “malo”. 

 

Existe una tendencia en el arte contemporáneo internacional dirigida a generar cambios o influir en diferentes sectores de la sociedad y la vida, más allá de la obra de arte. Mientras que en regiones en vías de desarrollo aún estas actividades se suscriben a proyectos de desarrollo local con impacto en una comunidad o barrios específicos, en los circuitos artísticos más avanzados y las metrópolis ha proliferado una “clase” empoderada, el artista entrepeneur o el artista empresario. Sottsass Associati, fundada por el propio Ettore Sottsass en 1985 después de su experiencia con el colectivo Memphis, es una consultora de diseño multinacional que privilegia la arquitectura a gran escala, el diseño de interiores, productos electrónicos y mobiliario. Más recientemente, en 2001, Takashi Murakami creó Kaikai Kiki, otra empresa multinacional que maneja las carreras de jóvenes artistas, organiza proyectos, renta estudios y oficinas de producción, con dos galerías comerciales además de su propia Feria de Arte emergente llamada GEISAI. ¿Qué responsabilidad crees que tiene el artista contemporáneo con la sociedad? ¿En qué punto la gestión empresarial, el activismo social o la vida personal de un artista se vuelven parte de su obra?

 

Hay absolutamente de todo en el arte contemporáneo, es un espacio caleidoscópico, que se expande y se mezcla con casi todo. Hoy el artista contemporáneo es muchas cosas a la vez, es de todo un poco. Personalmente creo que más que todo es un generador de contenido, un creador que está permanentemente ideando temas de conversación y por ende dialogando dinámicamente con una multitud de temas y un público que crece en diversidad e intereses. “Llamar la atención” sobre determinados temas y además hacerlo a través del uso de estrategias artísticas ingeniosas y sofisticadas es lo que yo considero el papel de un artista, eso en sí es acción y compromiso social. 

 

Tu relación con el objeto se siente afectiva. En tus instalaciones pareciera que se expone el nacimiento y la crianza de un conjunto de organismos en condiciones ideales para desarrollarse en armonía. Es difícil imaginar tu vida con pocos objetos alrededor, aunque se presume que la organización y la selectividad es parte también de esa armonía que vuelve al objeto un ente feliz. ¿Te gusta coleccionar? ¿Viajas, de ida o retorno, con muchos objetos? ¿Eres de los que entienden la función definitiva de un objeto y el fin de su uso, o reciclas más de la cuenta?

 

Yves Saint Laurent vivía rodeado de miles de objetos, de todos tipos, la mayoría de una sofisticación extraordinaria, para él cada objeto no solo era un tema de conversación sino también una destinación, un lugar donde posar su mirada y desaparecer. Mi fascinación por los objetos tiene que ver con la energía humana que cada uno acumula, esa energía es pura y habla de nuestras manos y nuestros deseos por construir un mundo diferente.

 

Desde que hace unos pocos meses Mike Winkelmann, el hombre detrás del seudónimo Beeple, vendiera un NFT en Sotheby´s en 69 millones de dólares, su cuenta de Instagram pasó de los 10K a los 2.1M de seguidores. Sin profundizar en el fenómeno de este nuevo criptoformato y la revolución digital que representa, quisiera resaltar la dimensión mediática que refleja el alcance de sus redes sociales. Hace unos meses usaste precisamente Instagram para lanzar una tienda de obras de pequeña dimensión o de reproducción múltiple. ¿Cuáles son las luces y las sombras que le ves a la creciente necesidad del individuo de mostrar su vida profesional y privada en estos medios?¿Te preocupa la relación del valor real de la obra de arte en correspondencia con el valor especulativo? ¿Dónde quiere Diango Hernández ver sus obras en el futuro?

 

En el Museo de la Higiene de Dresden hay una mujer de vidrio esculpida a tamaño real, sus órganos son también transparentes y se iluminan con el objetivo de ser vistos e identificados independientemente. La casa de cristal de Philip Johnson nos permite estar fuera y dentro, nos permite exponernos, ser vistos y verlo “todo”. Yo soy de la idea de que para crear modelos sociales reales nuestros cuerpos y ciudades deberían ser transparentes. Anne y yo hemos viajado mucho y antes de viajar a cualquier destinación siempre vemos si hay casas que pudiéramos visitar, casas de artistas, científicos o personalidades de cualquier tipo de relevancia que hayan sido transformadas en museos. Esto es algo que nos permite viajar un poquito en el tiempo e imaginar cómo esta persona vivió. Imagínate que Lam o Matisse tuvieran una cuenta de Instagram y viéramos a diario qué hacen, a dónde van. ¡Sería un sueño!

 

La formación del valor en una obra de arte es algo muy complejo, hay muchos ángulos aquí, pues también la obra de arte posee valores espirituales y sentimentales. Cada día que pasa me interesa más la calidad de la obra de arte (esto es algo muy subjetivo) hasta que ves la Cappella Sistina. Creo que debiéramos convocar al artista a imaginar a esa escala, a crear valores extraordinarios. Recuerdo una enciclopedia ilustrada que había en casa que tenía las 7 maravillas del mundo antiguo, eran las páginas más manoseadas de toda la colección. El valor de una obra de arte no es su precio sino su energía interna, algo que en principio nace de las entrañas del artista y se proyecta en el tiempo. 

 

Quiero que mis obras estén en museos dedicados a la felicidad y no a la tristeza, museos llenos de luz, museos abiertos las 24 horas del día, museos que sean refugios para los que deseen imaginar y sonreír. Se construirán muchos museos en el futuro, espacios enormes donde también viviremos.

 

¿Cuánto pagarías por un atardecer en el Caribe?

 

Vi muchos atardeceres en el Caribe, vi atardeceres con arcoíris, con delfines, con flamencos en vuelo y con todo eso exuberante y maravilloso que nos rodea. Nuestro mar siempre limpio, sin barcos ni tontos con motos acuáticas, con corales que tiene colores aún por descubrir, creo que nada de eso tiene precio, ni está en venta.


 

 

 

 


 

[1]“Mi único pasaporte es el cubano” Entrevista de Françoise Vallée publicada el 4 de agosto de 2020 en Hypermedia Magazine.

[2] “No corras, ve despacio” Poema de Juan Ramón Jiménez. Eternidades, 1918.

[3]“Mi único pasaporte es el cubano” Entrevista de Françoise Vallée publicada el 4 de agosto de 2020 en Hypermedia Magazine.

[4] “Diango Hernández. Cómo educarse para vivir en el capitalismo”. ArtNexus. Por: Dermis Pérez León

 

 

 

Comentarios

El Oficio
Pamela van de Maele

Excelente entrevista...permite conocer al artista en todas sus verdades.....

  • 21/06/2021

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